Silke seguía observándola, sabía que había algo raro en ella, un algo inexplicable. Mientras la observaba hacía una valoración sobre su previo análisis en la que descartaba su forma de actuar como algo sospechoso, pese que su personalidad fuese un tanto extravagante. Se preguntó si se debería a algún problema personal. Ante sus posibles e insostenibles conclusiones solo le quedaba una opción, vigilarla de cerca.
Schwan seguía mirando por la ventana, mientras aguardaba la llegada del profesor de historia. Observaba atentamente la suave caída de las hojas de los árboles más altos. Siguiendo el recorrido de una de ellas vio como esta no llegó al suelo, pues un chico la cogió antes de que esta llegase a su destino. Ella se quedó mirando el lugar donde estaba previsto que llegara la hoja que desapareció con aquel joven. Una fuerte palmada sobre su mesa trasladó rápidamente su mente a la clase que hacía cinco minutos que había empezado.
- Lo siento - balbuceó.
- Buenos días señorita... ¿Cómo se llama? - preguntó Carles.
- Soy Schwan.
- Vaya... usted es la nieta de los Yerg.
- Así es.
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